martes, 26 de junio de 2012

China




BEIJING

Llegó el momento de unirse al grupo de viaje. El 8 de mayo nos recibió en el aeropuerto el cartelito de Lameco viajes. Que placer que te lleven las valijas! Y por fin vamos a dormir en un hotel! Se siente por un segundo bien no depender de uno para pensar el todo de tu viaje y descansar un poco en otros.

Fue muy chocante el cambio de Japón a China. Veníamos de un lugar agradable y fuimos a parar con chinos maleducados, mugrientos y groseros por 7 días.  Si antes no diferenciábamos un Chino de un Japonés, ahora podemos decir que no tienen nada en común! Con una China de 1400 millones de habitantes, si había un japonés entre ellos se diferenciaba! je

Todo se complicó en este primer destino, fue nuestra adaptación al grupo. Ahora regía el levantarse a su horario y el hacer los paseos y las paradas que los guías indicaran, por el tiempo que ellos consideraban razonable. 
La aventura de hacer lo que uno quiera se terminaba, el itinerario marcaba el recorrido a hacer. Las ciudades a visitar fueron Beijing, Xian y Shangai. Se dice que la primera es el presente de China, la segunda su pasado y la tercera el futuro.

Llegando el 7 de mayo de noche a Beijing (o Pekin) lo mejor fue encontrarse con un hotel donde una cama grande de dos plazas nos esperaba. Las noches de cuchetas sobre algo que le llamaban colchón se terminaban, al menos por el tiempo que estemos con el grupo.

El día siguiente iban cayendo amigos y conocidos de a poco, cada uno con distintos horarios de llegada, así que era un día libre para hacer lo que más nos plazca. Sin tiempo que perder nos fuimos como enfermos a hacer compras al mercado de la seda.
El ir fue fácil, ya que nos tomamos un taxi desde el hotel y nos dijeron más o menos cuánto salía el taxi. Alrededor de 30 yuanes valía la ida, y dividido cuatro personas, nada! Resulta que el traslado en realidad valía 20, pero cuando nos subimos al taxi le negociamos 30 así que eso fue lo que pagamos para llegar al mercado de la seda. El tránsito en China volvía a ser como lo conocemos en Uruguay, pero sólo por manejar en el mismo carril, porque después son un desastre manejando! En ese viaje tuvimos muchas chances de chocar. Los chinos no respetan una luz roja y se tiran igual. Más allá de eso hace poco que manejan autos y son de terror manejando! Era increíble no poder cruzar una calle con luz verde porque seguían tirándose. Igual entre todo su desorden no vimos accidentes. El gobierno puso pena de muerte para aquellos que matan a alguien manejando, pero parecía no importarles. Sobrevivimos a nuestra experiencia en taxi y llegamos al mercado de la seda.

Este mercado es como una expo, pero con quince columnas de puestos de ropa multiplicado por cuatro pisos y un subsuelo. En este lugar se puede encontrar de todo: ropa, valijas, billeteras, zapatos, camperas, cuadros, adornos, carteras y muchísimas cosas más! Hay que ir bien preparados porque las cosas no tienen precio, sino que rige la ley del regateo. Los chinos están acostumbrados a hacer todo un show para vender; actúan, lloran, pegan, gritan y hasta insultan para lograr su negocio. La clave es tener siempre presente que te quieren joder y conseguir el precio al cual uno está dispuesto a pagar las cosas. Ya nos habían contado experiencias anteriores así que fuimos mentalmente preparados para esta desgastante actividad. Aunque, sin lugar a dudas, hay que vivirlo para entender la locura que es! Con mucho dinero en manos por fin íbamos a dejar de cargar con los fangotes de dólares que cargamos desde Montevideo. Cientos de billetes de uno, cinco y diez dólares fueron los protagonistas en este mercado, donde mientas caminabas entre los puestos de ropa los chinos te tocaban, agarraban y presionaban para que les compres. Para comprar primero te tiene que gustar lo que ves, si no te gusta no pregustes por preguntar porque no te sueltan y muchos hasta se enojan y te pegan por haber preguntado y no comprar. Si algo te gusta entonces prepará los dedos para la calculadora porque vas a estar media hora peleando por un precio, y si la calidad de la ropa está buena, entonces a pelear aún más por la cantidad! Las palabras más escuchadas eran “ finito finito amico” “ tu estás loco” “ pero tu tienes fiebre” “ estás mal de la cabeza”, “tacaño”, “ shu shu fuera” “adiós”. Es realmente desgastante pelear precios y más con plata en mano para gastar ahorrada para tal fin! Aquí hay que seguirles el show, sí ellos pierden directamente no venden. Hay muchas anécdotas a contar sobre este mercado, pero si tengo que contar se me vienen a la cabeza dos. La primera de ellas fue comprando kimonos. En los puestos no atiende solo una chica, sino que hasta cinco vendedoras puede haber y todas hablan varios idiomas. En un puesto de kimonos ví uno re lindo para mi sobrinita y le pregunté a cuánto estaba. Unos 200 dólares fue la respuesta. Mi reacción inmediata fue hacer todo el show de regateo y después de veinte minutos de calculadora va, calculadora viene, llegué al precio de 5 dólares. Como uno está enfermo mientras negocia porque hay todo tipo de presión y se tiene que estar bien despierto y al firme para que no te caguen, en una veo a mi costado, y en el mismo puesto estaba Gastón negociando un Kimono para el Tito que no lograba de bajarlo de 25 dólares, y yo había comprado uno a 5! Cuando ví que Gastón hacía muecas como que a 25 estaba bien, me metí en su negociación y se pudrió todo. La vendedora se enojó porque nadie se puede meter en la negociación de otro. Con mi excusa de que era la esposa y que yo era la jefa y quien tenía la plata, no había forma de que la mujer me mirara y quiera negociar con ambos. Su reacción siempre fue ignorarme, empujarme y gritarme. El negocio seguía siendo con Gastón no dándome participación alguna. Aún sin haber pagado el kimono para mi sobrina, los mandé a la mierda hablando todo en inglés, y les dije que les comprábamos ambos a 20 dólares o nada. Me fui gritando “ I´m the boss here, I´m the one who have the money, can´t you see that?” Y ellas gritaban del otro lado un par de disparates también. Una escena lamentable pero a los 30 metros de habernos ido se escucha “ ok, ok amica, ok, twenty both”, no le dí pelota y todas las vendedoras de otros puestos empezaban a decirme que regrese, lo cual fue muy cómico, ahí fui, y vendedora y compradora ambas felices. El show no tiene que afectarte, si no ganaran, no te venden.
La otra escena que se me viene a la cabeza que fue fuerte sucedió en un puesto de venta de vaqueros de marca. Luis y Gastón negociaron el precio antes de probarse los pantalones y llegaron a un precio muy conveniente. Pero a la hora de elegir las prendar a llevarse, los modelos no quedaban bien puestos. El vendedor no podía entender que no les gustaba y ellos ya habían negociado un precio así que tenían que pagar. La discusión llevó a muchos insultos y fuertes por parte del vendedor. Un momento no agradable. No negocies nunca un precio en este mercado antes de saber que te queda bien lo que compras.

Ese primer día en el mercado de la seda fue bastante cansador, estuvimos desde las 14 hs hasta las 21 hs, momento que cerró. Hicimos compras fuertes. Como no había mucha gente era bastante incómodo caminar porque no dejaban de agarrarte para que veas la ropa que vendían. Y como teníamos que comprar de todo para mucha gente que queremos, no podíamos terminar de recorrerlo porque parábamos seguido a comprar y pelear precio. Yo conocí los cuartos escondidos de carteras, que placer! Me fui con seis carteras de marca, muy lindas y de todos los colores! Las imitaciones en este mercado son muy parecidas a las marcas originales pero no significa que era barato. Por ejemplo, una cartera Dolce & Gabana que salen desde 300 a 500 dólares, aquí las comprabas entra 20 a 50 dólares. Todo dependía siempre del material y la calidad de las mismas.

Gastón hizo una compra fuerte en buzos y remeras Tommy y Polo. Muy linda calidad y muy parecida a las originales. Aún no sé cómo hacen, porque toda la ropa tiene las etiquetas de la marca original y en ellas estaba un código de barra y el precio de lo que valen en la realidad. Algo raro porque parece que las hubieran sacado de la fábrica y las llevan ahí para vender. No entiendo cómo hacen el negocio los chinos, pero se compraba considerablemente barato y ellos aún ganaban en precio.

Al salir del mercado de la seda tenías taxis esperando en la puerta. Cuando salimos me acerqué a uno y le indico la dirección del hotel escrita en mandarín y le digo “40 ok”, y el hombre me pedía 80 de una forma muy grosera y bruta, lo cual no iba a pagar. Se juntaron como tres tacheros más que querían cobrarnos ese mismo precio para llevarnos hasta el hotel y yo los putié y me fui. En eso me agarra otro chino y me dice “ok ok 40”.

Este primer día en China fue muy desgastador. Mismo saliendo del mercado de la seda no dejaba de haber gente que te ofrecía billetera y otras cosas en la calle y pedía que le digas cuánto querías pagarle. El colmo es que no sólo había que regatear con la ropa, sino que cuando ibas a comprarte agua o un helado en cualquier lugar tenías sí o sí que regatear hasta llegar a un precio razonable. Muy desgastador!

Esa noche llegamos con un bolso nuevo al hotel. Sin haberlo conseguido muy barato por el cansancio, necesitábamos algo donde trasladar las compras en el próximo vuelo. Este bolso no sólo fue completado con las 7 horas de compras de este primer día, sino con 5 horas más de compras al día siguiente y 4 horas más el último día en Beijing. Que locura!






Una de las cosas más curiosas que fuimos observando este primer día es que no hay autos chinos circulando en China! Por lo contrario, vemos autos de marcas conocidas, caros. Por más que sabemos que en China están las fábricas de Mercedes, BMW y otras marcas importantes, nos sorprendió no haber visto ni un auto autóctono.

Al día siguiente arrancamos con la excursión con el grupo. Nos dividimos en tres ómnibus, cada uno con un guía que hablaba español. Nos contaron que las cinco estrellas que componen su bandera, una más grande y las otras cuatro más chica, representa al gobierno y a las cuatro clases sociales: campesino, intelectual, obrera y estudiante. A su vez nos contaron que no pueden tener más de un hijo a menos que paguen una multa, la cual sólo se paga una vez. Tampoco todos pueden tener auto, esto también está controlado, si todos tuvieran auto sería imposible transitar en las calles! Para esto se les exige tener la libreta y el permiso de matrícula. Este último se asigna por sorteo en forma mensual. El gobierno de Beijing otorga un poco más de 200.000 permisos al año. De esta manera encontramos al metro como el medio de transporte más utilizado, con nueve millones de usuarios diarios.

La guía nos fue contando que el mandarín se compone de unos 13.000 símbolos y cada uno representa un concepto o palabra. La combinación de estos símbolos da lugar a frases y dependiendo de la fonética y acento su significado.
También nos contó que uno de los platos típicos del sur del país es el plato chi-chi-chi. Este plato consiste en ratoncitos recién nacidos y se comen bañados en salsa, pero vivos! El nombre del plato se lo imaginarán, es por los tres sonidos que emiten los pobrecitos en el proceso de ser ingeridos: un chi al ponerle la salsa caliente, otro al pincharlo y el último al morderlo. Un asco!

Este primer día visitamos la Plaza de Tian An Men  y el Palacio Imperial (o Cuidad Prohibida) de las dinastías Ming y Quing.  La plaza de Tian An Men supuestamente es la plaza más grande del mundo, donde se encuentra el parlamento y el mausoleo de Mao, padre y fundador de China socialista en 1949.









Mao es para China el héroe nacional y en la plaza había una cola larguísima para ver su tumba. Dentro de esta plaza está la cuidad prohibida. Su nombre proviene de la antigüedad cuando estaba reservada para los emperadores y la gente en general  no tenía el acceso permitido. Hoy en día, con China socialista no hay más monarquía ni emperadores, pero los edificios que pertenecían a la dinastía son un punto turístico alto y son mantenidos en buenas condiciones. 

Aquí vimos la sala de reuniones del emperador, el trono del emperador y dos réplicas idénticas, la casa donde se hospedaba y uno de los jardines donde se distendían.








Después de este paseo hicimos una parada por más de una hora en un puesto de venta de perlas. Sentíamos que nos estaban haciendo perder el tiempo y con la fiebre por comprar, salimos de la excursión. Nos tomamos un taxi para el mercado de la seda, donde compramos unas cuantas horas más. Esta vez me lleve mi querida calculadora científica conmigo, ya estaba hecha toda una experta este segundo día, je. Para poder ir hasta el mercado fue complicado porque no conseguíamos taxi.  
Resulta que el sistema de taxis es un desastre! Los taxis casi no te paran y si tenías suerte y paraban, no querían llevarte por el precio que les decías. Por fin dimos con un Chino, que por más mal que manejara nos llevó hasta el mercado. Esa noche fue aún más complicado conseguir taxi para llegar al hotel, historia similar.

Al día siguiente nos esperaba la gran muralla China. Antes de llegar hicimos una parada en la ciudad olímpica, la cual fue construida en forma íntegra para las olimpíadas de Beijing. Aquí vimos de lejos el famoso estadio del nido de pájaro y el cubo de agua donde se hacían las competencias de natación. Estas olimpiadas fueron las más caras de la historia.

Antes de llegar a la muralla china nos contaron que la misma tuvo su origen hace más de dos mil años, cuando uno de los pueblos existentes en lo que es hoy el territorio de China, conquistó a todos los otros pueblos y decidió unir la muralla de todos en una gran muralla con motivo de defensa. La construcción de esta muralla fue muy exigente, con más de ocho mil kilómetros de extensión. De cada cinco hombres que trabajaron, uno moría.

Llegamos a la ciudad de Bataling, a unos 80 km de Beijing, lugar donde se encuentra uno de los puntos más altos de la muralla. Subimos por sus baldosas de piedra y pendientes muy empinadas, no habiendo siempre escalones. Las paredes también son como de ladrillos de piedra. La subida no fue muy agradable ya que nos llevaron al mediodía, y aunque no había sol por el smoke, el calor no se dejaba de sentir. Subiendo los chinos te pechaban y molestaban bastante. 




Fue muy desagradable ver como comían todo tipo de cosas raras y después se tiraban a vomitar a lo largo de toda la muralla. En la muralla había atalayas cada pocos metros, lugar donde se refugiaban los guardias y solían vigilar los alrededores. 



En caso de ser atacados emitían mensajes en cadena de una atalaya a otra. Lamentablemente estos lugares estaban repletos de gente que se refugiaba a la sombra para comer y vomitar, era una mezcla complicada. Sigo sin entender cómo podían ingerir algo con gente padeciendo al lado.



Seguimos subiendo y subiendo hasta que llegamos a un punto muy congestionado, complicado porque los escalones eran muy inclinados, logramos subir y pudimos apreciar la dimensión de esta muralla. 









El smoke no dejaba ver muy lejos, pero alcanzaba para ver como la muralla aparecía y desaparecía en la lejanía. La sensación de estar ahí no dejaba de ser increíble…estábamos parados en una de las más antiguas maravillas del mundo!






Después de este agotador paseo, llevaron al grupo al mercado de la seda por cuatro horas, así que no pudimos reusarnos y fuimos nuevamente, viéndonos forzados a seguir comprando regalos! Je. Esta vez el mercado estaba lleno de turistas. No sólo estaban las ciento y pico de personas del grupo de viaje sino que también había otras excursiones de otros países. Por suerte fuimos los días anteriores para comprar tranquilos y con el tiempo suficiente.

Para culminar el día nos llevaron a comer el plato típico del norte de China, pato laqueado. Le llaman así porque lo pintan con una salsa que lo deja brillante y parece laca. Había hambre y se comió. Pero pobre patito!
 










XIAN

Al día siguiente nos tomamos un avión hacia Xian. El vuelo fue con mucha turbulencia todo el tiempo, no la pasé nada bien. Llegamos y nos recibieron los tres nuevos guías para este destino.
Visitamos la muralla de la ciudad y la pagoda de la Oca Salvaje.

En China arrancó nuestras experiencias con las pagodas, que son como los budas, están por todos lados y te cansas de verlos. Pero ahí estábamos y pagoda o buda que apareciera ameritaba foto.

La pagoda de la Oca Salvaje fue construida durante la dinastía de Tang. Es una torre de siete pisos que era utilizada como biblioteca de escritos budistas que habían sido traídos por el monje Xuanzang desde India. Como punto turístico de Xian la fuimos a visitar, aunque ya no funciona como biblioteca.






Después de visitar a la Pagoda, nos llevaron a conocer la muralla de la ciudad la cual fue construida durante la dinastía de Ming. Esta muralla nos encantó! Está muy bien mantenida y tiene una vista alucinante a la ciudad vieja donde casas antiguas decoran la vista con sus techos grises. Esta muralla cuenta con unos 13 kilómetros de longitud e impresiona con sus doce metros de alto y doce de ancho. 


Habían bicicletas para alquilar para recorrerla más rápido, pero nosotros optamos por caminar y disfrutar tranquilamente la vista.




También en esta muralla se encontraban atalayas desde donde los guardias hacían la vigilancia. Esta muralla no sólo se utilizó como forma de proteger a la ciudad sino que también como forma de dividir a los ricos de los pobres. 


Cuando nos estábamos yendo pudimos ver el desfile de unos guardias, simulando como lo hacían en la antigüedad.
 




El día siguiente tuvimos uno de los paseos que veníamos esperando hace tiempo, el museo de los guerreros y caballos de Terracota! Este lugar es considerado la octava maravilla del mundo y la verdad es que lo es.



El nombre Terra-cota significa tierra cocida. Este museo tan popular donde se filmó la película “La Momia 3” es la tumba del primer emperador de la China unificada, Qin Sh Huang.

Este emperador se autoproclamó así al conquistar todos los reinos que componían lo que hoy es China, y formó un solo reino. Como se creía que el ser humano reencarna siete veces, el emperador para pasar a su próxima vida construyó una gran tumba en un lugar estratégico, entre una montaña y un río. Esto significa que se une la tierra con el cielo según el feng-shui. Esta tumba está ubicada en un predio de cincuenta hectáreas que cuenta con tres fosas más la tumba del emperador y su familia. 

En este lugar se encuentra un ejército de soldados, caballos y dos carrozas que también pasarían con el emperador a su próxima vida una vez que muriera. Para poder llevar a cabo este trabajo se utilizó la fuerza de más de 700 mil personas, siendo muchos de ellos ex convictos. Construyeron túneles subterráneos y este gran ejército de barro y arcilla que poco a poco se ha ido descubriendo con las excavaciones. 

Se siguen encontrando soldados pero la tumba del emperador no fue descubierta aún.
Cuando ves a los soldados impresiona porque son todos distintos. Resulta que cada soldado representaba a un soldado real y para esto se hizo una selección de los mejores soldados del país. Se cree que por eso los soldados son altos y grandes. Actualmente hay cerca de dos mil soldados pero el trabajo de excavación sigue en proceso. Se cree que pueden haber cerca de seis mil más. el emperador murió.




La fosa donde se puede apreciar mejor a los soldados es la fosa número uno. Todo el ejército tuvo que ser reconstruido ya que poco después de la muerte del emperador un grupo de campesinos rebeldes rompió y robó todo lo que encontraban en su camino debido al odio que tenían hacia el emperador.



En la fosa número dos se podía ver pedazos de soldados por todos lados, aún sin reconstruir. Y en la fosa número tres había más tierra que soldados.



Quedamos maravillados con este paseo. Nos llevamos de recuerdo soldaditos de terracota versión mini.

Una vez culminado todo este día en Xian, regresamos al hotel para preparar las valijas. El último destino de China llegó y nos fuimos a Shanghai.



SHANGHAI


Nos fuimos a la cuidad catalogada como el futuro de China. Con edificios por todos lados, Shanghai se perdía a lo alto entre el gris del smoke. 

Desde hace días que estábamos en China y aún no podíamos ver el sol. Shanghai no faltó a la ocasión y nos recibió con algo de lluvia y mucho más smoke.









Primer destino a conocer fue el Jardín de Yuyuan. 
En este jardín las construcciones se caracterizaban por sus techos levantados en las puntas, decorados con dragones. Como paseo me encantó al ser bien clásico de China y con un recorrido armónico y agradable.






Luego fuimos a visitar la rambla de la ciudad que bordea uno de los principales ríos de Shanghai, extendiéndose alrededor de tres kilómetros. Esta rambla conocida como Malecón. Desde aquí se podían ver infinidad de edificios construidos mirando el río. Con la campera de lluvia puesta la recorrimos caminando. 









Durante el trayecto algún Chino que otro nos pedía foto con ellos, así que accedíamos, así como después terminamos pidiéndoles que se saquen una foto con nosotros para variar un poco!


Esa misma noche tuvimos un paseo en barco por esa bahía. Ahora la ciudad estaba iluminada y las luces de los edificios hacían que el smoke deje de ser el protagonista. 



La vista era hermosa por todos los colores que utilizan para diferenciar un edificio de otro.







  
Al día siguiente, siendo nuestro último día en Shanghai y en China, nos llevaron al templo de buda de jade. 







El lugar estaba lleno de estatuas de budas. Hay buda para tirar para arriba en China! Vimos el buda de jade real que es pequeñito y culminamos nuestro paseo.






La tarde era libre así que con mapa en mano nos fuimos con nuestros amigos en subte a recorrer la cuidad. 

Primero llegamos hasta el punto de partida del tren bala. El recorrido de este tren es desde el centro de Shanghai hasta el aeropuerto. Compramos el recorrido ida y vuelta para no perder tiempo. Este tren alcanza una velocidad máxima de 430 km por hora, siendo el más rápido del mundo. Estuvo alucinante estar ahí cuando alcanzaba su máximo de velocidad. Sentías que se elevaba un tanto en el aire y se movía más de lo que pensábamos. El tren bala hizo un recorrido de 30 kilómetros en 7 minutos! Genial! La ruta era prácticamente recta. Este tren está a prueba en China hace un par de años por parte de los alemanes. Sí todo sale bien en un período de tiempo razonable lo implantarían en otros países. No es muy utilizado por la gente en China porque es significativamente más caro que el subte y también por tener como único destino el aeropuerto.



Después de este paseo veloz visitamos la People´s Square que es una plaza con mucha gente y negocios. Esta plaza es el centro comercial de Shanghai y en una de sus calles donde se filmó la película Misión Imposible. Luego recorrimos un parque que estaba cerca y después en la noche fuimos hasta el barrio francés. Este barrio supuestamente estaba lleno de bolichitos pero no tuvimos suerte! Estaban cerrados y para peor llovía.

Culminada nuestros días grises, sin sol y con mucho smoke, preparamos las valijas para Hong Kong.

lunes, 25 de junio de 2012

Japón





Desde Singapore nos tomamos un vuelo de cuatro horas hasta Hong Kong por Cathay Pacific y en Hong Kong nos tomamos otro vuelo de cuatro horas hasta Tokio. Hasta el momento Cathay va siendo la mejor aerolínea en cuanto a servicio y comodidad. Era todo un desafío llegar al hostel, pues al ver las líneas de trenes y subtes por internet parecía una misión imposible. Al llegar al aeropuerto lo primero que hicimos, como siempre, fue sacar dinero, pedir un mapa de la cuidad y de los subtes. Nos hicimos amigos fácilmente de este sistema, aunque al inicio complicado. Otra vez corrimos para no perder ninguna conexión porque estábamos en las últimas salidas de metros desde el aeropuerto hasta la ciudad. Las distancias eran esta vez mayores, tanto que nos llevó una hora y media de tren para llegar desde el aeropuerto hasta el hostel. En Japón todo está bien señalizado y ordenado. La gente siempre amable y dispuesta a ayudarte. Nos sorprendió que los funcionarios de los subtes, al vernos la cara de desesperación por estar a contrareloj y con posibilidades de perder la última conexión, se acercaban a ayudarnos para emitir el boleto y a indicarnos los pasos a seguir, todo con muecas, ruidos y mucho movimiento de brazos. Al bajarnos del subte ya siendo las 23 hs. salimos a la superficie y caminamos como cinco cuadras hasta el hostel ubicado en la zona Asakusabasi. Paramos en un puesto de policía, creo que turística, donde le mostré el mapita que tenía de la ubicación del lugar a llegar y de pronto eran tres policías abriendo libros gigantescos de hojas amarillas con todas las calles en japonés, intentando ayudarnos. Ya habíamos ubicado donde estábamos y a cuánto estábamos del hostel, entramos sólo para confirmar que íbamos bien. Pero fue tan graciosa esa escena de muecas y señas para comunicarnos que me quedé como cinco minutos más para interactuar con ellos. Ahí ya empezamos a decir “aligato” para agradecer. Son tan educados que siempre al decir gracias se inclinan de forma de saludo.



Llegamos al Anne Hostel, esta vez tenía ascensor! Cada piso tenía cuartos con paredes muy finas donde se escucha todo. Al salir de los cuartos tenías en común espejos con lavamanos. También había una sección de baños de hombres y otra de chicas pero estaba todo junto, separado sólo por una cortinita. En este hostel había que dejar los zapatos en la entrada. Nuestro piso no apestaba a olor a pata porque los zapatos se dejaban cerca del ascensor, pero nuestros amigos, Ceci y Luis, no contaron con la misma suerte porque todos los zapatos dormían noche y día en la puerta de su habitación!  

Al otro día en la mañana fuimos a desayunar. El desayuno se servía en un cuarto de cuatro por tres, donde había mesas y almohadones a nivel del piso. En Tokio arrancó nuestra experiencia con los huevos. Con un cartel de “desayuno buffet” sólo había huevos duros, pan, sal y manteca para desayunar. Ese día atomizamos a la chica de la recepción donde le preguntamos los lugares que valía la pena ir en dos días y medio. 





El tiempo, siempre jugando en contra, no fue un inconveniente en esta ciudad por el sistema grandioso de subtes y trenes. Nunca en mi vida ví tantas líneas de subtes juntas, ni siquiera en Manhattan. Es impresionante la cuidad subterránea que existe en Tokio. A veces teníamos que bajar como cuatro escaleras mecánicas  debajo de la superficie.


 El primer día en Tokio era un sábado y fuimos a conocer el Palacio Imperial y el Jardín Oriental. Después recorrimos Shibuya, el parque de Yoyogi, el santuario Meiji Jingu, y Roppongi, donde subimos a la Mori Tower.

El palacio imperial era un castillo que se convirtió en un palacio cuando el emperador se trasladó de Kioto a Tokio después de la restauración Menji. No se puede entrar adentro del mismo y creemos que sólo se abre dos veces al año. La parte que está disponible para el público es el parque este del palacio (jardín oriental) y el famoso puente Nijubashi en frente de la entrada principal. Este jardín oriental es el jardín japonés más grande de Tokio, todo arregladito con flores de todos colores, bien al estilo japonés. Disfrutamos de caminar en este entorno por un par de horas.

Nos tomamos un subte hasta Shibuya y al salir por fin nos encontramos con gente! Resulta que nos imaginábamos un Tokio con miles y miles de nipones por todos lados, pero no. El tránsito es super tranquilo, ordenado, ni una bocina se siente. En las calles no hay la tal locura que te pintan en las películas, todo es pacífico. Ahora sí, cuando entras al subte te das cuenta que todo el mundo está ahí abajo, y que la conglomeración de personas se da en ciertos puntos de la cuidad. Uno de ellos era en Shibuya, un lugar lleno de carteles luminosos, y con una peatonal que es como el Times Square de NY. De cualquier manera pensábamos que íbamos a ver más gente de la que vimos. Esta concentración de personas sólo alcanzaba un par de cuadras y después todo volvía a la tranquilidad.

Vimos Shibuya en el día, donde nos divertimos grabando algunos videos cruzando la calle ya que éramos cientos de personas cruzando a la misma vez en todos los sentidos. Luego, en la noche, volvimos a este mismo lugar donde las luces le daban un toque aún más lindo.







Para aprovechar lo que nos quedaba de luz de día nos metimos a conocer el santuario Meiji Jingu. 
En este santuario vimos un casamiento japonés y los rituales que suelen hacen como prender inciensos y tirarse el humo arriba. 






También había una fuente con agua donde algunos se lavaban las manos agarrando agua de un cucharón. 



Para disfrutar la tardecita también decimos ir al parque Yoyogi, un parque característico por juntar a toda la juventud nipona, con japonesitas vestidas de forma muy rara. Algunas fashion, otras ridículas, pero todas con variedad y novedad a la vista. Este parque nos encantó! Al mejor estilo prado de Montevideo, se encontraba muchos grupos de amigos tirados sobre manteles por el barro, todos comiendo y tomando cerveza.  La mayoría jugaba al bádminton, frisbee, volley, o simplemente se juntaban a cantar o tocar instrumentos.


Después de aquí nos fuimos nuevamente a Shibuya donde caminamos en la peatonal buscando un lugar donde comer. Nos costó bastante encontrar un lugar donde cenar porque la comida japonesa es muy particular. Terminamos en un restaurant italiano atendido por japoneses. El pedido fue complicado. Pedimos unos tallarines a la boloñesa y una pizza pero sólo de muzzarella, ya que estábamos cansados de comer con gustos de todo tipo. 




Al llegar la comida acertamos con los tallarines pero la pizza resultó divertida. Al pedir “only cheese” nos trajeron una masa redonda con algo de muzzarella por arriba y algo parecido al orégano, sin rastro alguno de la salsa. Con un gusto bastante raro la comimos acompañando los tallarines. Cuando hay hambre se come lo que sea!






Después de cenar, con poco tiempo para alcanzar la última salida del subte (22hs.) nos fuimos a Roppongi que es uno de los centros comerciales más grandes de Japón. Aquí subimos a la Mori Tower o Tokio City View. 









La vista panorámica desde esta torre de 60 pisos más o menos no era 360 grados pero abarcaba bastante la cuidad. En la vista se distinguía una torre Effield muy colorida que es la Torre de Tokio, y un puente colgante llamado Rainbow Bridge. Este puente permitía el acceso a la isla Odaiba a la cual fuimos al día siguiente.






En nuestro segundo día en Tokio fuimos a Akihabara, a Asakusa y a la isla Odaiba. En esta mañana de domingo salimos bien temprano del hostel y fuimos caminando hasta Akihabara para ver la calle eléctrica. Nos sorprendió la poca gente que había en las calles de Asakusabasi. Sin tener mucha idea por donde caminábamos, al preguntarle a un nipón por Akihabara nos agarró la mano y nos llevó como una cuadra caminando indicándonos el camino. La gentileza del pueblo japonés una vez más nos sorprendió.

Llegamos a la calle eléctrica y apareció nuevamente un Tokio de las películas y uno nuevo no visto antes. En estas calles más allá de los carteles y la gente, se caracterizaba por vendedores que salían a las veredas de sus locales, y gritando ofrecían todo tipo de aparatos electrónicos. Con Gastón entramos a varios lugares preguntando por baterías de cámara de fotos pero no tuvimos suerte. Después de varios intentos al fin dimos con un puesto callejero atendido por un nipón y un uzbekistan que por suerte sabía inglés. Buscábamos baterías de repuesto para ambas cámaras. En el momento menos esperado y en pleno enriedo callejero nos quedamos sin baterías porque los vendedores nos sacaron ambas de las manos desapareciendo y a los minutos aparecieron con las originales y las de repuesto. Fue muy informal y cómico el negocio que hicimos.

Esta calle estaba llena de casinos con máquinas slots y de esas maquinitas que ponés una fichita para sacar un peluche. Entramos a varios de estos lugares, donde eran pisos y pisos de slots con un ruido infernal, ensordecedor de verdad, y nipones enloquecidamente jugando. No había una máquina sin un japonés prendido a ella. El ruido era tal que hasta usaban tapones para los oídos. 






Nosotros no aguantamos más de cinco minutos, así que nos fuimos a los pisos de maquinitas más convencionales de juegos de pelea de todo tipo. Con muchas fichas en las manos, el dinero se me fue en intentos fallidos por sacar algún peluche, y a Gastón jugando a la Street figther.








En las esquinas de estas calles encontrabas muchas japonesas vestidas de forma provocativa para vender publicidad. Quedamos sorprendimos al encontrar locales de pornografía animé. Las imágenes eran fuertes, más que son en dibujos animados. Ahí entendimos que muchas japonesitas adolescentes se vestían como estas chicas animé, pintadas y vestidas de forma similar.





Pasado el mediodía, al terminar nuestra caminata por Akihabara nos fuimos caminando hasta Asakusa, lugar más tradicional de Tokio. 
En Asakusa se mantienen las calles y el ambiente tradicional. Hay tiendas antiguas de la era Edo. Caminando por la calle Kappabashi Dogugai nos quedamos con ganas de comprarnos platos y vajillas, todas al estilo japonés muy lindo. Entramos a una tienda donde dos viejitos nos atendieron muy amables y les compramos dos lámparas de papel muy tradicionales, ambas con escritura japonesa, significando una suerte y la otra sushi que al parecer es dinero.


En Asakusa visitamos la calle comercial Nakamise, el templo de Sensoji y el santuario Asajusajinja.

El clima este día era algo increíble. No hacía ni frío ni calor. Había un airecito sospechoso, demasiado agradable. Bien de esos climas que te anticipan que alguna tormenta se avecina. Llegamos a la calle comercial Nakamise, muy pintoresca. Luego nos fuimos al templo de Sensoji donde nos agarró una fuerte tormenta en la mitad de su recorrido. Por suerte anticipamos y minutos antes de que el cielo estuviera completamente negro, compramos un paraguas. 




Arrancó el viento, la lluvia y el granizo, y todos arrancaron a correr. Sin mucha gente a la vista nos refugiamos bajo un techo. Pocos minutos después paró la tormenta, se despejó y seguimos el recorrido hacia el santuario. Días después leímos en internet que ese mismo día, a unos 30 km del lugar de donde estábamos pasó un tornado. 

El templo de Sensoji es el más antiguo de Tokio. Allí te encontrabas con mucho humo de inciensos y gente aleteando sus manos para tirarse el humo arriba como forma de purificación. 




También observamos que tiran monedas a una fuente para después agitar un tubo del cual sacaban un palito de adentro, y este palito los conducía a una cajita que contenía un papel con algún proverbio. El mismo era luego colgado en unas cuerditas que estaban ahí mismo. Todo un ritual. En las calles que rodeaban el templo se podían observar puestos de venta de artesanías y comidas de todo tipo. Todas las tiendas adornadas al estilo japonés.









En este lugar también vimos de lejos el Sky Tree, una torre a inaugurarse en mayo 2012, siendo la más alta de Tokio. A semanas de su inauguración sólo la vimos de lejos. En apariencia era parecida a la Sky Tower de Auckland.






Al terminar nuestro recorrido por Asakusa nos fuimos en subte por Asakusa line hasta Shimbashi. Aquí salimos a la superficie y nos tomamos un tren que cruzaba a la isla Odaiba. Este tren cruzaba el Rainbow Bridge, el puente que conectaba ambas islas. Al llegar a la Odaiba island fuimos a Odaiba Marine Park, donde había una ramblita. Con los pies en arena vimos el atardecer donde el sol se escondía detrás del puente y de los edificios.






Caminando por esta rambla fuimos de a poco dando vuelta la isla. Se nos presentó un personaje particular. Un hombre estaba abajo del muelle e iba de un lado al otro, mojándose las piernas al inicio y luego quiso como que hacer snorker. El día estaba frío después de la tormenta y la imagen del hombre en calzoncillo y mojado no encuadraba. Seguimos caminando después de que nos puso fea cara por filmarlo y nos encontramos sorpresivamente con una estatua de la libertad! Réplica idéntica. Muy raro verla en Tokio!


Paseando de noche por la isla nos topamos con una fiesta alemana organizada por japoneses. Allí estaban tomando cerveza, comiendo panchos y bailando tomados de la mano con los gorritos típicos alemanes. Un momento bizarro pero divertido.

Entramos a un shopping donde quedamos sorprendidos por una tienda enorme dedicadas a perros. Carritos para llevarlos como si fueran bebés ya habíamos visto por la calle, pero pensábamos que sólo era gente desubicada que los ponía en ellos. La cuestión es que ahí había una tienda que vendía desde estos carritos hasta la ropa y calzado para sus animales. 



Dentro de este shopping quedamos fascinados con una sección que estaba ambientada al mejor estilo Venecia, donde paredes y techos te hacían sentir allí. Espectacular!





En esta isla vimos una rueda gigante, un robot enorme  y un show hawaiano. Para volver a tomar el tren cruzamos por un puente llamado Daiba Frontier Bridge que era idéntico al puente de la mujer de Buenos Aires, pero muchísimo más largo.







Llegamos al hostel muy cansados y pusimos la alarma para despertarnos en la madrugada. A las cuatro de esta madrugada del lunes sonó el despertador y partimos hacia el mercado de Tsukiji. En este mercado se vende pescado al por mayor y es el más extenso de Japón. Allí llegamos y nos metimos para ver la acción del negocio del cual todos hablan. Creo que nos perdimos parte de ella pues al llegar ya eran las cinco de la mañana y sólo vimos a los vendedores cortar y acomodar la mercadería. 


 Con miles de carritos que iban de arriba para abajo llevando y trayendo cajas, era casi imposible caminar por la zona. Nos metimos aún más adentro de estos galpones y en pleno video de Gastón y fotos mías, un guardia nos sacó del lugar pues se abre al público a las diez de la mañana. Salimos y entramos escabullidos nuevamente. No nos íbamos a levantar tan temprano para que nos saquen tan fácil. La actividad de ahí adentro estaba muy buena pues algo de locura aún continuaba y se podían ver todo tipo de bichos del mar. Nunca vi tanta variedad de pescado junta!

Una vez que salimos de estos galpones vimos en ciertos lugares colas de gente ansiosa por comer mariscos o pescado fresco…pero estamos hablando que eran las siete de la mañana! Increíble! Ahí estaban, sentados comiendo y otros esperando a que haya lugar para entrar.


Como desafío en este último día en Tokio queríamos encontrar los edificios y a la gente trajeada. Para esto decidimos ir a Nihombashi. Fue la más divertida experiencia en metro. En plena hora pico nos metimos en el subte y tuvimos que hacer cola para poder tomarlo. Lo inesperado fue que las colas para tomarse el subte se separaban por sexo según el vagón a subir. En el piso estaba delimitado donde subir cada uno. Quisimos entrar juntos para no perdernos porque era impresionante la cantidad de personas que estaban entre nosotros, pero un guardia no nos dejó. Llegó el subte y nos subimos en vagones separados. Por suerte eran sólo tres paradas. El vagón de chicas en el cual estaba metida no daba lugar a respiro alguno. Pegadas como sardinas enlatadas el movimiento era un solo. Si una se movía hacía efecto avalancha de estadio de futbol al meter gol. 

Lo complicado no fue entrar, sino que la cuestión era salir de allí y no perdernos. Lleno de liceales con pollera y trabajadoras con traje, me pude bajar en destino y a los minutos recién logró bajar Gastón. 



El vagón de hombres también estaba explotando y Gastón sintió la misma experiencia que yo. 
Esa mañana en el subte fue algo increíble. Todo Tokio estaba ahí abajo trasladándose para sus trabajos o colegios. Con esta experiencia confirmamos que los nipones sólo usan tapabocas en caso de estar enfermos, para no contagiar al resto.



Salimos a la superficie y vimos el centro financiero de Tokio. Edificios por todos lados y gente de traje y corbata caminando rápidamente por las calles indicaban que no le habíamos errado al lugar. Entre los edificios que vimos llegamos hasta el banco de Japón. Aquí sacando una foto se me acercó un guardia malísimo y gritando decía “ No photo” con sus dos brazos cruzados formando una cruz. Lo cómico es que después de retarnos, se inclinaba mostrando respeto y decía “ Aligato”. Son tan tan educados!

Terminado nuestro último día en Tokio partimos todos juntos hacia el aeropuerto. Era complicada la vuelta ya que no nos quedaba muy claro donde bajarnos para tomarnos el tren que iba al aeropuerto. Con valijas en mano le preguntamos a una señora dónde nos teníamos que bajar y allí nos bajamos. En ese momento un guardia al vernos a los cuatro completamente cargados con valijas y mochilas se acercó y nos dijo que nos metiéramos de nuevo al tren porque nos habíamos bajado mal. Todos apurados para que las puertas no se cerraran nos metimos nuevamente arrastrando a más no poder las valijas. Un momento muy cómico donde por suerte nadie quedó afuera, ni las maletas ni nosotros!

Llegamos al aeropuerto y nos tomamos nuestro vuelo hacia China. Allí nos unimos al grupo de viaje.
Nos fuimos encantados con Japón, principalmente por su gente y su cultura.